jueves, 10 de abril de 2014

1-0 | Ganó el mejor, pasó el que lo buscó

Pablo Orleans | En el fútbol, como todo en la vida, existen ciclos. Los ciclos tienen un comienzo y también un final. Comienzan con algo nuevo, ilusionante y fulgurante. Y terminan de la peor forma posible en el mayor de los casos. Terminan con un final trágico, con un cambio de poder. Con derrotas dolorosas. Pero, sobre todo, terminan por falta de ambición, de ganas, de motivación. Cuando ya lo has ganado todo, cuando te has acomodado y tus fuerzas menguan con el paso del tiempo, tu final se acerca. Y se avecina cuando las ideas nuevas no llegan y la filosofía se estanca, no avanza. Cuando llega alguien desde atrás con una filosofía renovadora, vanguardista y llena de ambición, de ganas, de motivación.

Leo Messi se lamenta tras una ocasión fallada

El Barça de anoche nos regaló numerosos tintes de decadencia, de desgaste. Nos regaló los peores 45 minutos de la temporada. Un equipo sin ideas, con una retaguardia desordenada, perdida, abandonada. Un ovillo completamente deshilachado cuyos hilos se extraviaban en el perfecto entramado rojiblanco que, una y otra vez, amenazaba con desastre catastrófica. Media hora de imprecisiones dignas de cadetes mal adiestrados que ponían el corazón en un puño tanto a culés acongojados como a colchoneros ilusionados. Un gol y tres maderas para dejar claro quién estaba poniendo contra las cuerdas a quién. La primera parte dejó claro que la teoría azulgrana tiene taras. El equipo de Simeone le sacó los colores a los pupilos de un Tata previsible y atemorizado. Ni las vacas sagradas aparecieron ni el sistema funcionó. Los centrales, lentos e imprecisos, formaron un tridente cardíaco con un Pinto que se complicó demasiado. Los del Cholo, acompañados de un graderío envidiable, pusieron en serios apuros al mejor equipo de la última década venido a menos. 

No existen las excusas de las lesiones de Piqué o Valdés. Bartra, que fue de lo mejor del Barça tras esa media hora para olvidar, no puede suplir sin apenas jugar la posición de un central en la fase clave de la temporada. Martino ha pecado y el equipo lo está pagando. Pinto, inseguro bajo palos; Mascherano, lento; Busquets, superado; Xavi, perdido; Iniesta, impreciso; Neymar, negado; Fábregas, apático y Messi, desaparecido. Sólo se salvan un mediocre Alves que centró sin demasiado acierto, un Bartra de menos a más y un rápido Alba. Pedro, injustamente tratado por el técnico argentino, veía el espectáculo rojiblanco desde el banco para entrar cuando el ánimo de sus compañeros sobre el césped ya estaba de capa caída.

Koke y Villa

Y así pasó el encuentro, con un 1-0 que podría haber sido un resultado de escándalo en los primeros 30 minutos. El Barça demostró un poco de ambición al inicio del segundo tiempo, pero fue un espejismo hasta que la entrada de Diego Ribas y la recuperación física de los del Cholo hicieron que la presión volviera y la perfecta disposición defensiva del Atlético unida a una intensidad a la altura de la cita de ayer, el conjunto de la capital de España se llevase el partido y la eliminatoria. 

El Atlético y sus aficionados nos regalaron una gran noche de fútbol. Nos dieron las claves de lo que debe ser un equipo en el futuro. Quizá no acaben ganando ni Champions ni Liga, pero lo que están demostrando este grupo de jugadores este año es que con ganas y ambición y con un equipo unido y que rema en la misma dirección a las órdenes de un líder, se pueden conseguir grandes cosas. Y parece que en Can Barça se ha perdido la ilusión, la ambición y no existe un líder claro con el que remar a sus órdenes. 

Enhorabuena al Atlético de Madrid. Fueron los merecedores de la victoria y del pase a las semifinales de la Champions. Suerte.

Imagen | Mundo Deportivo