Tras una temporada repleta de títulos, el Fútbol Club Barcelona comienza el nuevo curso como el enemigo a batir. Con gran fútbol, nuevas caras y hambre de conseguir nuevos logros, los de Guardiola volverán a librar grandes batallas en campos hostiles de la Europa fría, mostrarán su juego más vertical en los campos de la España profunda y se medirán a los equipos más potentes del mundo. Una nueva temporada comienza. La Crónica Blaugrana lo contará todo. Bienvenidos.

miércoles 1 de febrero de 2012

Mestalla, primer asalto

Pablo Orleans | Mestalla retumbará esta noche, con el recuerdo de viejos tiempos y el añoro de repetir grandes gestas contra el Barça. Años atrás, cuando Leo Messi, Cesc Fabregas o Gerard Piqué se empezaban a hacer hombres en las categorías inferiores del conjunto catalán, en la Ciudad Condal los duelos ante los murciélagos de Valencia eran sinónimo de espectáculo y rivalidad. Años en los que un 'piojo' llamado López traía de cabeza a culés y llenaba de alegría a chés. Años en los que uno de los mejores Valencia que se recuerdan con Baraja, Mendieta o Illie a principios del nuevo milenio volvió a poner en aprietos a los conjuntos de Van Gaal, Serra Ferrer o Rexach. Años de eliminatorias coperas y europeas, años nostálgicos para unos y pasados por el forro de sus vitrinas para los otros. 

Imagen Resultados-futbol.com
Esta noche, como todas las eliminatorias de la Copa de Su Magestad el Rey Don Juan Carlos I de España, suegro del protagonista de la nueva imagen de Mango según algunas fuentes, la contienda está asegurada, la pasión a flor de piel, el respetable emocionado, los medios dispuestos, los jugadores prestos, los banquillos atentos, los trencillas en el punto de mira, las miradas perdidas en los contendientes, apasionados con el ambiente de las gradas de un Mestalla en el que televisiones y periódicos ocupan los escaños de las radios, que relatan las jugadas desde casa, al calor de un micrófono en tiempos de oleada polar, mientras el cuarto colegiado apaciguará los ánimos de ambos bancos, intentando alejarse de la cruceta que le apunta en todo momento, que le agobia, que le sentencia o le juzgará.   

Todo lo demás, también. Fútbol, pancartas, abucheos, gritos, animación, insultos. Una mascletá sin fuego, ensordecedor ruido nocturno para amedrentar con alevosía a norteños y primos hermanos de habla. Estruendo vocal al unísono para viajar a Barcelona con ventaja. Patadas, cartulinas, ovaciones, silencio, abatimiento, deportividad. Visitar sin ruido, intimidar con fútbol, devolver los golpes pasados. Llegar a la gloriosa final del monarca. Disfrutar de este deporte.
           

jueves 26 de enero de 2012

Espectáculo en el Camp Nou

Pablo Orleans | Cuando dos de los mejores equipos del mundo se ponen a jugar a fútbol, cuando se disputan el balón siguiendo sus particulares e inimitables alternativas, cuando se deciden por hacer vibrar al respetable, por aflorar sufrimiento, desesperación, esperanza y tensión a la vez, cuando se calzan las botas de calidad, desparpajo, verticalidad o toque y se miran a la cara, de tú a tú y sin complejos, sin miedos ni rencor, es entonces cuando los aficionados a este bendito deporte fantaseamos con el orgasmo futbolístico y decidimos que es esto lo que queremos ver, lo que queremos sentir. 

ImagenAs.com
Cuando observas detenidamente a un conjunto perfectamente tejido, con un planteamiento claro y un fútbol milimétrico en un lado del rectángulo verde de juego y, en el lado opuesto, a sus antípodas estilísticas ofreciéndole el honor de mostrar su mejor versión, rápida, vertical y no menos matemática que la anterior, puedes soñar con un enfrentamiento en el que el orden de los factores no altera el producto. Partidazo en el Camp Nou, 2-2 y el Barça a semifinales.

Al final el Madrid decidió quitarse los complejos y salió a por el partido desde el primer minuto. Se quitó el miedo y la sensación de inferioridad que cargaba desde hace ya unos meses. Saltó al campo del máximo rival con un arsenal ofensivo envidiable, presionando con rapidez y jugando el balón. Probablemente fue mejor que un Barça que sólo dominó en la última media hora del primer acto. Aún así, mantuvo la posesión y sólo le bastó dos latigazos para encarrilar una eliminatoria y domar al león interno que dormitaba hasta el miércoles pasado en el seno merengue. La reacción blanca llegó tarde, probablemente la perdió Mou en la ida y lo pagó en la vuelta y el Madrid no pudo completar la remontada que empezó CR7 y que siguió Benzemá. Ozïl, por su parte, el mejor del Madrid y del partido.

Eso sí, que el espíritu del espectáculo que se vio ayer en la alfombra de la Ciudad Condal no se pierda, que se mantenga. Que los próximos Clásicos se disputen con fútbol, sea el que sea. Que Mourinho haya dado con la tecla para jugarle al Barça y, por lo menos, los sentimientos volverán a flor de piel. Que eso es el fútbol. 
       

miércoles 25 de enero de 2012

Fiarse o no fiarse, ésa es la cuestión

Pablo Orleans | Una hora antes del repetitivo pero no por ello fútil Clásico del fútbol español, las sensaciones son contradictorias. Por un lado, y viendo la actuación de unos y de otros en el partido de ida, el Barça -además de estar aventajado por el siempre importante factor campo y el resultado del Bernabéu- resulta claro favorito para pasar a las semifinales de la Copa del Rey. Por fútbol, grupo y las comentadas ventajas, los de Guardiola deberían llevarse el gato al agua y conseguir el pase. Con el once de gala sobre la alfombra del Camp Nou, el conjunto azulgrana debe bailar al son que le marquen sus directores de orquesta y controlar desde el principio un choque difícil pero ya de sobras conocido. O no.

Piqué celebrando la 'manita'. ImagenDefensacentral.com
Es aquí donde mis dudas afloran cuan nutrida primavera. Probablemente, en todos los Clásicos de Mou, todavía no se haya visto al verdadero Real Madrid, al del ataque imparable, al de las contras letales. Contra el Barça, Mourinho empequeñece a uno de los equipos más fuertes del mundo con un planteamiento defensivo, temeroso y muy físico. Un planteamiento que, sumado al nivel de los componentes del equipo de la Ciudad Condal, hace que el portugués sólo haya cosechado una victoria de nueve enfrentamientos ante Pep. Un Madrid que, a pesar de su inferioridad moral, es un correoso competidor aun en crisis interna, clanes varios y prensa acechante. 

Dentro de unos minutos, el fútbol hablará como lo hizo ayer en Anduva, ofreciendo la cara más amable y justa del fútbol. Once contra once discriminando al salario y premiando el valor, el pundonor y el juego. Anoche, Miranda de Ebro volvió a recordarnos que en el fútbol no hay nada escrito y que, por lo tanto, hoy también puede pasar cualquier cosa. Culés, no me fiaría del Madrid esta noche.
       

jueves 19 de enero de 2012

Remontada en Madrid

Pablo Orleans | El Bernabéu atronaba sobre la noche madrileña esperando el cuarto Clásico de la temporada. Los madridistas, esperanzados de que terminase de una vez por todas la hegemonía culé en su feudo, llenaron hasta la bandera el coliseo blanco presionando desde lo alto a la veintena de peloteros (y trío de jueces) que aguardaban bajo el túnel de vestuarios. Los once habituales de Guardiola frente a un imprevisto once circunstancial de Mourinho que, con fuerza y pegada -a priori- en el ataque, apretaron la salida del balón y aguardaban en la retaguardia el zarpazo que les adelantase en el duelo. 

Puyol volvió a marcar en el Bernabéu. Imagen | As.com

Táctica servida por Mourinho que, afanado en doblegar al Barça, situaba un trivote consistente en la media y el tridente más letal que puede alinear en el ataque. Y le salió un rato. Mientras el portugués sabía a la perfección cuál iba a ser la estrategia azulgrana, Pep se encontraba ante un dilema un tanto contradictorio. El once rival, atípico donde los haya, suponía un desconcierto para el juego barcelonista. Los primeros 20 minutos fueron locales. A pesar de que el Barça intentaba controlar la posesión, la presión capitalina era constante y bastante eficaz. Ronaldo, con ayuda de Pinto, hacía el primero de la noche con la izquierda y encarrilaba el partido para el Madrid muy pronto. 

Pero, el capricho del destino o, quién sabe, del propio Mourinho hizo que el equipo de Chamartín se encogiese en su propio campo, cediese terreno al Barça y éste, avaricioso de la esfera de cuero, dominó -sin suerte- lo que quedó de primer lance.

Pronto, muy pronto igualaba el choque el capitán Puyol en la reanudación. Con aires de despistado y muy lejos de la zona de remate, el de La Pobla de Segur apareció sin que Pepe "El Criminal" tuviese capacidad de reacción. Surgió de la nada tras comprobar que la lucha cuerpo a cuerpo la perdía una y otra vez en saltos anteriores. Así que, como felino agazapado tras la hierba que florece en la sabana, Carles sorprendió con espectacular vuelo y puso las tablas en el marcador del Bernabéu.

Un Madrid nervioso tiene una doble cara. El equipo que pierde balones o el que reacciona. Ante el Barça suele florecer el que pierde todo: modales, balones y, sobre todo algunos, la cabeza. El Barça le saca de quicio y las triangulaciones les marean. Patadas a destiempo, lógicas en esto del fútbol, se convierten en acciones terribles de la mano de un portugués llamado Pepe. El pisotón intencionado sobre la mano de Messi deja al descubierto la inestabilidad psicológica de este gran jugador y pésimo profesional. El Madrid debería estar avergonzado de este personaje y las altas entidades futbolísticas deberían plantearse muy seriamente la inhabilitación para que practique el fútbol.

El Madrid perdió los papeles del encuentro y el Barça siguió a lo suyo. Abidal, apartado en la izquierda del barullo arremolinado en el centro en torno al crack argentino, descubrió la autopista de su tercer gol como profesional. Posición legal, acomodo con el pecho y remate cruzado con el exterior. Reconvertido a ariete, el galo (impresionante en todo el partido) completó la remontada en el campo del máximo rival y encarriló la eliminatoria de la única competición en la que marca: la Copa que no quiere el Madrid.
       

viernes 13 de enero de 2012

Habrá (otro) Clásico

Pablo Orleans | Confirmado. En dos semanas habrá un nuevo enfrentamiento entre Real Madrid y FC Barcelona. El destino y la Copa han querido que los dos equipos más laureados de España y, probablemente, de la élite mundial se enfrenten en el enésimo choque del siglo, en el choque del milenio, en el de la prensa deportiva sensacionalista. Blancos y culés se volverán a ver las caras en un terreno de juego por cuarta (y quinta) vez en lo que llevamos de temporada. Serán seis seguros, aunque el capricho de la Champions pueden ampliarlos a siete (en caso de que ambos lleguen a la final) u ocho (si se miden en eliminatoria). Ocho Clásicos en una temporada. Barça y Madrid por las orejas, por los ojos y por otros sitios. A mí no me importa (siempre que los de Guardiola salgan victoriosos), pero si me pongo en la piel de muchos de los aficionados a otros equipos españoles, puede ser horrible. 


Los telediarios no hablarán de otra cosa, la gente no sabrá nada de lo demás, las discusiones en torno a las barras de bar se presuponen calentitas... Los Clásicos están llegando a su punto infernal, en serio. Ya no es lo que era. Antes, esperar un Madrid-Barça era esperar cuatro meses para verlos en acción. Era ponerte nervioso la semana de antes porque el partido de la temporada llegaba y tú y tus amigos discutíais por quién sería el vencedor. Ahora no. Ahora, los nervios no afloran en tu interior nada más que unos segundos antes del partido (o ni eso). Sabes que, si no hoy, mañana tu equipo podrá tomarse la revancha o viceversa. Saber que hay un Clásico casi cada mes no tiene gracia. Saber que la Liga probablemente sea de dos, tampoco.

Y he aquí la primera pregunta: ¿De quién es la culpa? Algunos dirán que de los derechos de retransmisión de los partidos, excesivos para los grandes y paupérrimos para los modestos. Algunos se aferrarán al abuso de poder de los 'clásicos' frente a la fragilidad de los débiles. Tienen razón. La repartición de los derechos de retransmisión de los partidos debería ser más equitativa con todos los clubes, y no permitir que mientras Barça y Madrid se desembolsan 300 millones de €uros, haya equipos que reciban 9 millones. ¡En la misma competición! Es de locos.

Pero otros, ávidos y rápidos como la pólvora, defenderán la idea de que los dos grandes clubes están haciendo las cosas bien, bastante mejor que los demás. No es una mala apreciación. Está claro que la diferencia de presupuestos de Barça y Madrid con el resto es apabullante, avergonzante. Pero también está claro que, por lo menos, hay una serie de clubes intermedios que, con presupuestos muy por encima de otros equipos, podrían estar complicando las cosas a oligopolio futbolístico español. Equipos como Valencia, Atlético de Madrid o Sevilla no están -ni mucho menos- cumpliendo las expectativas que muestra su plantel, por lo que también deberían hacer algo de autocrítica. 

      

lunes 9 de enero de 2012

¿Para cuándo Xavi?

Pablo Orleans | Estaba cantado. Las apuestas aseguraban que iba a ser Leo Messi el que iba a conquistar la tercera esfera de cuero dorado consecutiva seguido del portugués del Real Madrid, Cristiano Ronaldo, y con el mágico Xavi Hernández por detrás. Estaba cantado, sí, pero yo me esperaba un cambio de última hora. Un capricho del destino que señalase al 6 del Barça y 8 de la selección española en el primer escalafón del trío finalista. No fue así y el premio se lo volvió a llevar, merecidamente, el argentino. 

Messi consiguió su tercer Balón de Oro consecutivo. Foto | As

Messi, pichichi de la Champions, goleador en la finalísima de Wembley y malabarista con el balón bajo/entre sus pies, se llevó el gato al agua sin problemas, con un amplio margen de error gracias al apoyo del casi 45% de los entrenadores y capitanes de selecciones nacionales FIFA junto con el de los corresponsales de France Football. Muy por detrás, Ronaldo consiguió el 21,6% de los votos y, más lejos todavía, Xavi obtenía el 9,23% de los votos.

Pero el español se merecía el galardón. Huérfano, así se quedó el balón de oro cuando el pasado año se lo llevó Messi a su casa, quién sabe si en Barcelona. Puede que en Rosario. Pero Xavi sabe que el balón de cuero es suyo, el que roza el verde césped del Camp Nou le pertenece, pero el dorado se resiste a acudir a sus brazos. Su trayectoria lo dice todo. Tricampeón de Champions League, seis veces campeón de la Liga, campeón del Mundo de selecciones, campeón de Europa de selecciones, mejor jugador de la Eurocopa 2008, de la final de la Champions 2008/2009, mejor constructor de juego del mundo en los años 2008, 2009, 2010 y 2011 y las nominaciones a Balón de Oro de los últimos años entre otros muchos galardones, hacen del centrocampista culé, del cerebro que este deporte jamás ha conocido, de Xavi Hernández, uno de los mejores jugadores del Mundo y de la Historia. No le hace falta marcar goles para saberse el mejor. No le hacen falta trofeos individuales para demostrarlo. Sobre el campo, domingo tras domingo, el de Terrasa demuestra y demostrará que, si no se le otorga el Balón de Oro algún día, el fútbol habrá sido injusto con él, del mismo modo que lo fue un día con Raúl. 

Por cierto, Guardiola es el Mejor entrenador del Mundo. Que lo siga siendo.
       

miércoles 14 de diciembre de 2011

Ganar o ganar, no queda otra

Pablo Orleans | Hay que ganar. Ésa es la premisa básica en la que deben pensar los jugadores y el cuerpo técnico del FC Barcelona. No hay excusas. El momento, dulce para los azulgrana, no deja otra alternativa, y pensar en lo contrario o divagar en pormenores sería un grave error. Hay que afrontar este partido como un mero trámite para llegar a la final del Mundialito, jugando con seriedad pero con la calma y tranquilidad que permite el gran abismo técnico que separa a qataríes y españoles. El Al-Sadd, campeón asiático, está disputando el torneo pensado para que lo disputen europeos y sudamericanos, un dato importante para saber a qué se enfrentan mañana los de Guardiola. Los de Jorge Fossati saldrán, como es lógico, hipermotivados, pero ni los "ex europeos" ni los muchos internacionales con Qatar que hay en sus filas deberían suponer un incordio para lograr el pase a la final. 

Guardiola en una rueda de prensa en Japón. Foto | As
De hecho, no llegar a la final de este torneo que pretende -sin éxito- coronar al mejor equipo del mundo, sería una auténtica catástrofe que se vería rebajada en caso de hacerlo en la final frente al Santos de Neymar. Pero ésa es, ahora, otra historia. Lo importante es ganar con contundencia y buen juego ante el conjunto qatarí y empezar a meter el miedo en el cuerpo a los habilidosos brasileños encabezados por crestaman.

Para ello, será imprescindible mantener la serenidad, la calma que apareció en el Bernabéu tras el rápido gol de Benzemá, y saber que el balón entrará, no una o dos veces, sino alguna más. Por lo menos, así debería ser. De ser yo el encargado de hacer la alineación, apostaría por Thiago, Cuenca o Afellay en el once titular. Me temo que la precaución de Pep supondrá ver al mejor equipo posible sobre la alfombra japonesa. He de decir que, conociendo a Guardiola y sus imprevisibles, inesperados y originales cambios en su once titular, cualquier cosa puede pasar, pero con estos jugadores al inicio, el Barça puede asegurar el compromiso y la calidad de los Xavi, Villa o Alexis y puede hacerlos rodar en partidos de relativa importancia sin correr demasiados riesgos. 

Mañana, a las once y media de la mañana, mientras algunos todavía estén desayunando, CUATRO emitirá en directo el partido en el que el Barça, salvo sorpresa mayúscula e improbable, logrará el pase a la final del Mundial de clubes y se enfrentará, el próximo domingo a la misma hora, ante el Santos brasileño. Jugar, ganar y llegar a la final. No debería haber otra opción.
     

lunes 12 de diciembre de 2011

Melodía bélica en el Clásico

Pablo Orleans | El ritmo del Barça sonó con acordes dorados por la capital de España. La orquesta dirigida por un coherente y atrevido Pep Guardiola impuso su perfección en uno de los escenarios más exigentes del mundo. Ni el rápido traspiés sufrido con una nota malsonante de un Valdés demasiado confiado en conocer a la perfección la partitura, ensayada durante años y con notas minuciosamente seleccionadas, impidió que el respetable ovacionará la actuación de los maestros y salieran victoriosos de tan complicado compromiso. De la mano del genio argentino, Leo Messi, la sinfonía paciente del grupo en general cosechó frutos conforme pasaban los actos. Iniesta, hábil como siempre en su faceta, y Xavi, manejando la batuta con habilidad y esmero, hicieron de "flautistas de Hamelin", robando resistencia a los blancos oponentes y animando a los suyos a seguir el único camino posible: la música perfecta.


Fue entonces cuando la batalla dio un vuelco enorme. Los vengativos guerreros capitalinos, buscando con ansia el momento de devolver los golpes pasados, dejaron a un lado la concentración y se centraron en apuntillar al bando rival con precipitación y necesidad. Se ahogaron en sus propias exigencias y su líder, un Ronaldo que llegaba con una buena racha de bajas en anteriores batallas, erró inexplicablemente en los momentos en los que los jefes nunca deben fallar. Siguiendo el guión de guerras anteriores, el portugués se cerró en sí mismo y la presión apagó su gran momento de forma hasta el momento. Así, el batallón culé avanzó sin descanso pero con cautela por terreno hostil penetrando por tres veces en el campo base rival. El primer susto quedó en anécdota y los de Guardiola se alzaron con la victoria. Una batalla ganada no da la guerra, pero anima a las tropas a seguir luchando por conseguir su objetivo. La Liga todavía no está (ni mucho menos) sentenciada.

ImagenAs.com 

sábado 10 de diciembre de 2011

Que sea un gran espectáculo (y que gane el Barça)

Pablo Orleans | Vuelve la emoción al fútbol español. Y con ella, La Crónica Blaugrana retoma su actividad tras varios meses de indecisión, ocupación y descanso. Esta noche hay más que tres puntos en juego. Cuando un Madrid-Barça asoma por el horizonte, hasta los más escépticos futboleros se plantan delante de los televisores, toman posición y disfrutan de una hora y media de tensión, pasión y sentimientos encontrados. Amigos, familiares y desconocidos varios se unen en torno a una barra de bar o una mesa de salón repleta de aperitivos y cervezas para disfrutar, no sólo de 90 minutos de fútbol, sino también de 90 minutos de discusión, risas, nerviosismo, júbilo, desesperación, esperanza, evasión y compañía.


La hora se acerca y los hinchas de ambos conjuntos comienzan a sentir esa inconfundible sensación de inquietud, de impaciencia contenida y de confianza temerosa. Todos quieren ganar, ninguno se atreve a asegurarlo. Puede pasar de todo. El miedo a contemplar un soporífero encuentro de manos de los dos mejores equipos del planeta se ha quedado en el olvido. Probablemente, los veintitantos jugadores que salten a la alfombra verde del Bernabéu esta noche, harán todo lo posible para que el enésimo partido del siglo sea trepidante, emocionante y único. Que se vea espectáculo, buen fútbol y rivalidad sana. Que dejen las patadas y el teatro a un lado y se dediquen a deleitar al respetable (de las gradas y de las pantallas) con un partido de fútbol digno de la liga española y, sobre todo, de estos dos equipos. 

El Barça tiene la presión. Por más que digan, perder esta noche sería un duro golpe (salvable) que obligaría a los de Pep a ir a remolque el resto de temporada. Seis puntos (no nueve, como afirman algunos) serían un mullido colchón para los de Mourinho. Seis puntos que, de convertirse en triunfo el partido que todavía no han jugado los blancos, serían tres las victorias de ventaja que les llevarían a los culés. Tres victorias que, ciertamente serían muy complicadas de remontar. Pero para ello, el Madrid deberá ganar a domicilio la próxima jornada a un Sevilla necesitado de puntos para entrar en zona Champions. 

Aún con todo, el "caballero del honor" también soporta presión. La necesidad de ganarle al Barça llega más allá de la necesidad de irse seis puntos arriba. Arrebatar la hegemonía culé de los últimos años empieza por ganarle directamente, devolviéndole la confianza a sus aficionados y jugadores. Es cierto que el Real ha mejorado respecto al año pasado. Su defensa, más férrea y su ataque, enchufado, buscarán esta noche devolver los golpes pasados y creer en sí mismos para borrar el hambre de títulos que no supo saciar la Copa del Rey. 

Todo está preparado. Todo está listo. Ahora sólo nos queda esperar, sentarnos con los nuestros (sean de los colores que sean), agarrar una cervecita, tomar un aperitivo y disfrutar o sufrir delante de los televisores. 
Que sea un gran partido de fútbol.

   

miércoles 4 de mayo de 2011

Wembley: El pase a una justa victoria



Pablo Orleans | Con el ambiente enrarecido, pesado ante la tensión y el diluvio caído sobre Barcelona, ante tantos momentos de rivalidad, de discusiones banales infundadas en excusas pasadas, en heridas abiertas que todavía no han cerrado, Barça y Madrid volvían a verse las caras por quinta vez en la temporada. Con mala cara y peores pulgas, los amigos de 'La Roja' ni se miraban en el obligado cruce de la UEFA prepartido y que más de uno habría evitado. Las mentes concentradas, distaban mucho del mensaje victimista que, una semana atrás, el neodios madridista José Mourinho, había realizado en rueda de prensa cargando contra el colegiado una derrota para salir airoso de un mal planteamiento. Guardiola, conocedor y víctima del pundonor merengue, preparó a los suyos para una vuelta en la que nada estaba hecho y había mucho que perder.

El pitido inicial demostró el remiendo del visitante intentando olvidar el error de anfitrión. El Madrid presionaba y buscaba el balón mientras el Barça, experto en la posesión y el desquicio repetitivo, manejaba la batuta del partido con rapidez y espacios. La combinación perfecta no surgió y los espacios se creaban al tiempo que se cerraban, con la misma velocidad con la que el Barça hacía circular el esférico y el Madrid cerraba filas y presionaba la salida del balón. Un equipo blanco que condujo el tuteo con el Barça de un modo óptimo y claro, prometiendo próximas entregas de igualdad futbolística aunque no numérica. Los blancos, otra vez agresivos en los choques, apuraban el reglamento hasta el límite, fuertes en las entradas, severos en los cruces. Mientras varios de sus jugadores como Lass, Carvalho o Adebayor debieron haber abandonado el terreno de juego con anterioridad, la cúpula del Madrid y sus voces más representativas daban a entender un robo en el Camp Nou y en la eliminatoria. 

En este aspecto, he de decir que no estoy de acuerdo señor Mourinho. No estoy de acuerdo señor Casillas. No, señor Ronaldo. El Madrid ha podido verse perjudicado ante el Barça como los culés ante el Madrid. Mientras que a los blancos les expulsaron a un jugador como Pepe en una entrada excesiva, fuera de lugar y digna de un jugador de sus características (todos sabemos cómo actúa sobre el terreno de juego), mientras se quejaban del teatro culé o del mal-llamado 'gol anulado' a Higuaín en el Camp Nou, mientras se quejan de eso, el Barça, saboreando el dulzor de la final de la Champions, nada dice sobre el penalti de Marcelo a Pedro en la ida, de las varias expulsiones que debió haber recibido el Madrid en la eliminatoria o de la poca profesionalidad de sus jugadores tras caer eliminados en las semifinales de la Champions. No hay nada peor que no saber perder, que ser un mal perdedor.


Y así, entre quejas y lamentos, lágrimas dispares y excusas injustificadas, el fútbol galardonó al mejor, Andrés Iniesta, como el autor de otro detalle, de un lapso en el tiempo, de un hueco libre. La perfección del movimiento, el control de la velocidad y la precisión en el conjunto dejó solo a Pedro para que batiese a Casillas y dejase la eliminatoria más sentenciada, al Madrid más tocado. Aún así, los merengues reaccionaron pero el Barça pausó el esférico, mandó en el balón y consumió, poco a poco, un partido consumido desde hacía 90 minutos. La realidad superaba la ficción. La verdad mandaba sobre la falsa acusación. El Barça, con fútbol, sellaba el pase a la final de la Champions con un pase justo. Wembley espera. Veinte años después, no le defraudemos.

Imagen | El País