Mostrando entradas con la etiqueta Valencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Valencia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 1 de febrero de 2012

Mestalla, primer asalto

Pablo Orleans | Mestalla retumbará esta noche, con el recuerdo de viejos tiempos y el añoro de repetir grandes gestas contra el Barça. Años atrás, cuando Leo Messi, Cesc Fabregas o Gerard Piqué se empezaban a hacer hombres en las categorías inferiores del conjunto catalán, en la Ciudad Condal los duelos ante los murciélagos de Valencia eran sinónimo de espectáculo y rivalidad. Años en los que un 'piojo' llamado López traía de cabeza a culés y llenaba de alegría a chés. Años en los que uno de los mejores Valencia que se recuerdan con Baraja, Mendieta o Illie a principios del nuevo milenio volvió a poner en aprietos a los conjuntos de Van Gaal, Serra Ferrer o Rexach. Años de eliminatorias coperas y europeas, años nostálgicos para unos y pasados por el forro de sus vitrinas para los otros. 

Imagen Resultados-futbol.com
Esta noche, como todas las eliminatorias de la Copa de Su Magestad el Rey Don Juan Carlos I de España, suegro del protagonista de la nueva imagen de Mango según algunas fuentes, la contienda está asegurada, la pasión a flor de piel, el respetable emocionado, los medios dispuestos, los jugadores prestos, los banquillos atentos, los trencillas en el punto de mira, las miradas perdidas en los contendientes, apasionados con el ambiente de las gradas de un Mestalla en el que televisiones y periódicos ocupan los escaños de las radios, que relatan las jugadas desde casa, al calor de un micrófono en tiempos de oleada polar, mientras el cuarto colegiado apaciguará los ánimos de ambos bancos, intentando alejarse de la cruceta que le apunta en todo momento, que le agobia, que le sentencia o le juzgará.   

Todo lo demás, también. Fútbol, pancartas, abucheos, gritos, animación, insultos. Una mascletá sin fuego, ensordecedor ruido nocturno para amedrentar con alevosía a norteños y primos hermanos de habla. Estruendo vocal al unísono para viajar a Barcelona con ventaja. Patadas, cartulinas, ovaciones, silencio, abatimiento, deportividad. Visitar sin ruido, intimidar con fútbol, devolver los golpes pasados. Llegar a la gloriosa final del monarca. Disfrutar de este deporte.
           

miércoles, 2 de marzo de 2011

Un segundo de alegría: La chilena de Rivaldo

Pablo Orleans | 17 de junio de 2001. Trigesimo octava jornada de Liga. Estadio Camp Nou ante más de 90.000 espectadores. El Barça, quinto clasificado en Primera División recibe al Valencia CF con la necesidad de conseguir los tres puntos para entrar en la UEFA Champions League de la próxima temporada. Los 'chés', cuartos y tres puntos arriba, llegan con la vitola de subcampeones de Europa ante el Bayern de Münich y con una plantilla muy bien compensada con jugadores de entidad. Cañizares bajo palos, Roberto Fabián Ayala como gran jefe en la zaga y bien custodiado por Pellegrino, Angloma, Djukic o un incombustible Carboni en el lateral zurdo, con Rubén Baraja, David Albelda, Kily González, Deschamps, Aimar o un joven de gran proyección y frágiles huesos llamado Vicente en la media, y con Sánchez y Carew en la punta, bien comandados por Héctor Cúper en el banco y un magnífico Gaizka Mendieta en el terreno de juego. La bestia negra del Barça llegaba en un momento jodido para los de la Ciudad Condal. El mejor Valencia de todos los tiempos llegaba para jugar uno de los partidos más importantes de la temporada. Para conseguir la victoria, el Barça más holandés con Dutruel bajo palos, Frank de Boer, Sergi, un joven Puyol con el 24 a la espalda, Cocu, Guardiola, Simao, Rivaldo, Overmars o Patrick Kluivert buscaba la victoria para entrar en el cielo del balompié, esa Champions League soñada que se escapaba después de haber bailado con ella los primeros en el 92.


Allí estaba yo. No entre los más de 90.000 espectadores del Camp Nou, no. Yo, con 14 años, culé incondicional, a casi 300 kilómetros de distancia del estadio, pero con el mismo nerviosismo que cualquiera de aquellos que acudieron al feudo culé aquella noche. Puede que fuese a las 21:00 horas de ese domingo de principios de verano. Puede que estuviese viendo aquel partido del canal de pago en un bar cualquiera de un pueblo cualquiera. Puede que, con bufanda azulgrana al cuello, ese adolescente sembrado de acné soñase con una victoria placentera que llevase a la Champions al Barça de su vida, a ese equipo comandado por Resach desde el banquillo y un forofo Joan Gaspart desde el palco.

Comenzaba la noche. Con las uñas comidas, los culés intentábamos canalizar ese nerviosismo con cerveza o, en su defecto, Coca-Cola. Era una noche de sufrir, se notaba en el ambiente. Aún cuando Rivaldo ponía a los azulgrana por delante en el tercer minuto de juego (y con el Atlético ganando por la mínima en el Alfonso Pérez) al rubricar un excelente gol de libre directo tras pegar en el palo izquierdo de la portería de 'Cañete', la desconfianza era latente. Hasta el presidente blaugrana mostraba un gesto torcido con el primero de la noche. Y es que, poco después, en la salida de un córner, Baraja empataba el partido de cabeza y el partido volvía a empezar. Pero fue, de nuevo Rivaldo al filo del descanso quien, con un disparo potente desde 30 metros, ponía una vez más al Barça por delante en el marcador. Volvía la esperanza en mi pequeña banqueta de madera de aquel bar mientras terminaba con ansiosa rapidez la bebida refrescante con rodaja de limón.
Se llegó al descanso con 2-1 y aproveché, todavía me acuerdo, para ir al baño a mear.


Tras el descanso, descargado de liquido en la vejiga y con una refrescante Coca-Cola llena en la mesa, me senté de nuevo frente a la tele para contemplar -lo que esperaba fueran- cuarenta y cinco minutos de relax, tranquilidad y espectáculo. Pero el relax y la tranquilidad se esfumaron cuando Baraja remataba, de nuevo -empeñado en aguar la fiesta del Barça en aquella noche-, y volvía a poner las tablas en el luminoso. El silencio reinaba en las gradas de un Camp Nou más gélido que nunca en una apacible noche de verano. La inquietud aumentaba conforme pasaban los minutos y la tensión reinaba en el barcelonismo. Los títulos escaseaban por aquel entonces y quedar apeados de la máxima competición europea era un fracaso absoluto. 

Pero entonces, cuando el marcador señalaba el minuto 43:26 y el balón lo manejaba el Barça en la medular, Petit la tocaba para un Frank de Boer adelantado de su posición de zaguero. El holandés, con un sutil toque, ponía el balón perfecto en el pecho de Rivaldo que lo acomodaba en el mismo borde del área grande. Mientras la caja tonta mostraba la victoria del Mallorca en Son Moix por 4-2 ante el Oviedo, el tiempo se paraba y la respiración se cortaba en las cajas torácicas de los barcelonistas. Un segundo emocionante en el que el brasileño, la magia zurda del Barça, elevaba al cielo con un magnífico movimiento el esférico mientras todos empujábamos desde nuestra ubicación para que ese balón de chilena entrase. Perfecta vertical, tacos a las estrellas y cuero contra cuero, cordones contra hexágonos, magia ante gol. El viento sopló a favor. El futuro dio un giro inesperado y la estirada de Cañizares fue en vano. El tercer gol de Rivaldo, el de más bella factura, enloqueció al Camp Nou. La tensión acumulada salió en forma de gritos, de brazos al viento, de sonrisa duradera. Alguna lágrima asomaba entre la afición. Yo estaba feliz. 


El balón, finalmente, entró. El Barça se metió en Champions gracias a uno de los mejores goles del club y uno que se recuerda con mucho cariño. Ese gol in extremis de Rivaldo, esa perfecta chilena preparada, vertical y cargada de significado metía al Barça en Champions. Algo que tenía que ser obligado para un club de tales características se jugaba a una manga, en un único partido ante un duro rival, probablemente el peor tras el Madrid de la época. Se ganó. Ese gol significó una de las pocas alegrías que dio el Barça en cinco o seis años en blanco, lleno de despropósitos y componentes desdichados. Mañana llega el Valencia, una década después y en condiciones diferentes. Ahora son ellos los que nos miran hacia arriba. Pero el duelo  sigue siendo emocionante. Rivaldo hizo magia y poseyó a Gaspart de por vida. Un gol que cambio el rumbo del Barça, el rumbo de muchas vidas. Un oasis de alegría en seis temporadas olvidables excepto por un segundo, el segundo en que el genio brasileño decidió hacer una chilena. Gracias Rivaldo.

     

lunes, 19 de octubre de 2009

INTENTONA Y PUNTO

Pablo Orleans | Este sábado el Barça jugó, como se preveía, uno de los encuentros más complicados de la temporada hasta el momento. Ante un Valencia motivadísimo aupado de una afición inestable (la de la capital levantina es una afición que a mi modo de entender confunde lo exigente con lo hipócrita) pero contundente en el éxtasis, el equipo de Guardiola se defendió al principio, lo intentó después y se conformó con el valioso punto sacado de la ciudad del Turia.

El partido comenzó con el dominio y la presión del equipo ché sobre la meta de Valdés. Una presión incesante y que surtió efecto en el juego de los azulgranas, que perdieron innumerables e inusuales balones a la hora de sacar el balón. Balones en largo sin pasar por las botas de Xavi. Balones aéreos a grandes "jugones" (como diría el conocido y fallecido Andrés Montes -D.E.P.-) pero sin altura. Balones con rumbo pero destino valencianista. Siguió durante largo rato dicha presión, pero presionar constantemente al Barça es muy complicado y al final, la fatiga se presencia en el césped para agotar a los acosadores.

Cuando los locales cesaron en esa presión incómoda y puñetera, el Barça se mostró como el Barça. Comenzaron las triangulaciones y los toques entre centrocampistas. El Valencia lanzaba latigazos pero el Barça poseía el balón y atrás, Piquenbauer y Tiburón Puyol cortaban los intentos de internadas de los delanteros valencianistas. Mención aparte merece Silva, ese individuo discreto fuera del terreno de juego que cuando salta al campo se convierte en uno de los jefes del equipo, sin ningún tipo de timidez. Inmenso partido el del centrocampista izquierdo de Arguineguín.

La segunda parte mostró la mejor cara del partido de los culés. Con gran posesión y jugadas de gran calidad, los pupilos de Pep llegaron más, buscaron con mayor frecuencia el gol y supieron desmarcarse de la ya leve presión ché. El triple pitido final llegó y el partido, con empate en el marcador al minuto noventa, acabó sin goles. Aquellos que lean las crónicas de los diarios o simplemente vean el resultado pensarán: "Que partido más soso, qué aburrimiento". Error. El partido fue un constante ir y venir de ocasiones, la tensión se palpaba en el ambiente, -hasta desde casa, a 500 kilómetos de distancia y a través del televisor- y la calidad de ambos conjuntos mostró un combate cuerpo a cuerpo digno de grandes batallas. Mostró el auténtico Tiki-taka.

El partido más complicado del Barça. Un lujo de partido.

Imagen: As.com
 

viernes, 16 de octubre de 2009

QUE SE PREPARE VALENCIA

Pablo Orleans | Este fin de semana, más concretamente este sábado (a las 22.00 horas en La Sexta), el Barça juega uno de los enfrentamientos más complicados de la Liga frente a un equipo que siempre espera al equipo culé con las uñas afiladas. El Valencia lleva ya semanas preparando el duelo contra sus primos de lengua y enemigos de casi todo. El conjunto de Guardiola va a tener que soportar a una hinchada hostil, a un equipo motivado ante el partido -más aún cuando el conjunto que ganó el triplete la pasada campaña sólo le concedió un punto en sus enfrentamientos y le endosó un 4-0 en el Camp Nou-, y va a tener que luchar contra viento y marea para poderse llevar los tres puntos de Mestalla.




Pero los azulgrana pueden con esto, con videos copiados de sus primos y con mucho más. Con Xavi casi seguro en el once y con un tridente atacante inigualable y con hambre de goles, ya que, a excepción de Henry, que marcó en el 3-1 de Francia a Austria, ni Ibracadabra ni Messi consigieron anotar en sus respectivos encuentros frente a Albania y Uruguay respectivamente. De este modo, al equipo de la Ciudad Condal no le falta motivación para el encuentro contra el Valencia y seguro, saldrán a por todas para combatir a esos trescientos espartanos que intentan ser los valencianistas. Los culés, con Valdés, Piqué, Alves, Puyol, Abidal, Touré Yaya, Xavi, Iniesta, Messi, Henry, Ibra y Guardiola intentarán hacer su particular caballo de Troya y a base de juego, verticalidad y velocidad en el trato del balón, conquistar la ciudad del Turia y seguir su camino hacia la gloria.

Con este plantel, los conjuntos ya se están preparando. La hora se acerca y la concentración ante un lance clave aumenta conforme llega el momento. Guardiola y Emery. Emery y Guardiola. Pizarras, consejos, órdenes. Motivación. Táctica y fuerza física. Todo vale en este tipo de enfrrentamientos. Mestalla será una caldera y ganará el que más motivado esté. Al Barça, no le faltará motivación. Que se prepare Valencia.

Imagen: blogdelrojo