miércoles, 4 de mayo de 2011

Wembley: El pase a una justa victoria



Pablo Orleans | Con el ambiente enrarecido, pesado ante la tensión y el diluvio caído sobre Barcelona, ante tantos momentos de rivalidad, de discusiones banales infundadas en excusas pasadas, en heridas abiertas que todavía no han cerrado, Barça y Madrid volvían a verse las caras por quinta vez en la temporada. Con mala cara y peores pulgas, los amigos de 'La Roja' ni se miraban en el obligado cruce de la UEFA prepartido y que más de uno habría evitado. Las mentes concentradas, distaban mucho del mensaje victimista que, una semana atrás, el neodios madridista José Mourinho, había realizado en rueda de prensa cargando contra el colegiado una derrota para salir airoso de un mal planteamiento. Guardiola, conocedor y víctima del pundonor merengue, preparó a los suyos para una vuelta en la que nada estaba hecho y había mucho que perder.

El pitido inicial demostró el remiendo del visitante intentando olvidar el error de anfitrión. El Madrid presionaba y buscaba el balón mientras el Barça, experto en la posesión y el desquicio repetitivo, manejaba la batuta del partido con rapidez y espacios. La combinación perfecta no surgió y los espacios se creaban al tiempo que se cerraban, con la misma velocidad con la que el Barça hacía circular el esférico y el Madrid cerraba filas y presionaba la salida del balón. Un equipo blanco que condujo el tuteo con el Barça de un modo óptimo y claro, prometiendo próximas entregas de igualdad futbolística aunque no numérica. Los blancos, otra vez agresivos en los choques, apuraban el reglamento hasta el límite, fuertes en las entradas, severos en los cruces. Mientras varios de sus jugadores como Lass, Carvalho o Adebayor debieron haber abandonado el terreno de juego con anterioridad, la cúpula del Madrid y sus voces más representativas daban a entender un robo en el Camp Nou y en la eliminatoria. 

En este aspecto, he de decir que no estoy de acuerdo señor Mourinho. No estoy de acuerdo señor Casillas. No, señor Ronaldo. El Madrid ha podido verse perjudicado ante el Barça como los culés ante el Madrid. Mientras que a los blancos les expulsaron a un jugador como Pepe en una entrada excesiva, fuera de lugar y digna de un jugador de sus características (todos sabemos cómo actúa sobre el terreno de juego), mientras se quejaban del teatro culé o del mal-llamado 'gol anulado' a Higuaín en el Camp Nou, mientras se quejan de eso, el Barça, saboreando el dulzor de la final de la Champions, nada dice sobre el penalti de Marcelo a Pedro en la ida, de las varias expulsiones que debió haber recibido el Madrid en la eliminatoria o de la poca profesionalidad de sus jugadores tras caer eliminados en las semifinales de la Champions. No hay nada peor que no saber perder, que ser un mal perdedor.


Y así, entre quejas y lamentos, lágrimas dispares y excusas injustificadas, el fútbol galardonó al mejor, Andrés Iniesta, como el autor de otro detalle, de un lapso en el tiempo, de un hueco libre. La perfección del movimiento, el control de la velocidad y la precisión en el conjunto dejó solo a Pedro para que batiese a Casillas y dejase la eliminatoria más sentenciada, al Madrid más tocado. Aún así, los merengues reaccionaron pero el Barça pausó el esférico, mandó en el balón y consumió, poco a poco, un partido consumido desde hacía 90 minutos. La realidad superaba la ficción. La verdad mandaba sobre la falsa acusación. El Barça, con fútbol, sellaba el pase a la final de la Champions con un pase justo. Wembley espera. Veinte años después, no le defraudemos.

Imagen | El País
      

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